jueves, 6 de octubre de 2011

GINKGO BILOBA

Por Begoña Rojo


La hoja de este árbol de Oriente
que ha sido confiado a mi jardín
invita al iniciado a meditar
y a edificarse con su misterio

¿Es un solo ser viviente
que se divide en dos?
¿O son dos que se eligen
para no ser más que uno?

Creo haber encontrado
la respuesta al enigma:
¿No sientes tu en mis palabras
que yo soy uno siendo dos?

Johann Wolfgang Von Goethe



El Ginkgo es un árbol antediluviano. Solo había sobrevivido en una pequeña región de China al abrigo de las catástrofes naturales y los cambios climáticos de los últimos milenios. De allí lo rescató el hombre para cultivarlo, lo redistribuyó por el mundo y después de mucho tiempo descubrió sus propiedades curativas.

Los chinos que al parecer llevan cultivando el ginkgo desde el siglo XI d.C. no tardaron en incluirlo en su lista de plantas medicinales imprescindibles. La principal causa de esta aceptación no fue la impresionante antigüedad de la especie –entonces desconocida-, sino la robustez y proverbial resistencia del árbol. Sus hojas, que parecen dos abanicos divergentes o inseparablemente unidos, reflejan el principio de la filosofía china: la teoría del yin y el yang.




Se trata de la representación de lo masculino y lo femenino, y la ley de los polos opuestos que todo lo engendran y todo lo rigen. Se comprende fácilmente que los chinos, al igual que harían luego los japoneses, veneraran el ginkgo por sus cualidades insólitas. Además, solían atribuirle poderes curativos y mágicos.

Es un árbol venerado y lo plantan cerca de las pagodas y los templos ya que según una antigua leyenda, es un escudo contra el fuego.




Tanto en China como en Japón, sus frutos teñidos de rojo, se regalaban (y se regalan) a las parejas recién casadas.




En consecuencia, los tratados sobre el ginkgo aparecen en todas las obras importantes de la medicina china redactadas a partir del siglo XI. En estos libros se recomiendan especialmente las semillas, por ser un remedio de múltiples aplicaciones. Estas afirmaciones figuran en el Pent-t’sao hang mu de Li Shizen (1518 – 1593), que es la enciclopedia clásica de la ciencia médica en esta tradición. También podemos encontrarlas en cualquier otra obra, ya sea anterior o posterior, sin importar la escuela científica de la que provenga. Sin embargo, curiosamente, el ginkgo no figura en la actual farmacopea oficial de la Republica Popular China.



Hay que conocer la visión filosófica de los chinos respecto al hombre, su naturaleza y sus enfermedades, para comprender porqué los granos del ginkgo eran tan apreciados para el tratamiento de diferentes dolencias. Su cubierta carnosa se prescribía para el asma, la tos, las irritaciones de la vejiga, las supuraciones oculares y el cáncer. Además, se administraba como digestivo, o incluso para suavizar los efectos de la alcoholemia y combatir el alcoholismo.

En ese mismo contexto debe entenderse su aplicación como agente de purificación interna.

La medicina tradicional china considera que el fruto y su carne constituyen un remedio eficaz para eliminar las inarmonías del meridiano vesicular. La armonización de este meridiano no sólo fortalece los riñones, sino que también ayuda a superar la enuresis nocturna en los niños. Otra de sus virtudes es aliviar los casos de tenesmo vesical (la necesidad de orinar con frecuencia acompañada de dolores). Restablecido el armonioso flujo de energías en el meridiano, el paciente aprecia también otras mejorías. Ejemplo de esto es el aumento de deseo sexual, de la potencia y la producción de esperma. De un modo indirecto, incluso se puede inducir un efecto positivo sobre el meridiano correspondiente al oído; razón por la cual los médicos chinos también recetaban el ginkgo contra la sordera.



Incluso la tuberculosis y la viruela solían tratarse, en épocas anteriores, con extracto de líquido obtenido de sus frutos. La medicina china actual emplea diversos preparados con ginkgo, considerados muy eficaces, para curar los estados de nerviosismo e inquietud.

En este contexto también resultan interesantes unos informes recientes, elaborados por médicos de ese país, sobre los logros obtenidos en la curación de la tuberculosis. Soy unos resultados muy alentadores, teniendo en cuenta que esta enfermedad infecciosa, que se creía exterminada, ha vuelto a brotar en muchos lugares, desarrollando una cepa de bacterias extremadamente resistente que no reacciona frente a los antibióticos actuales.




Las recientes investigaciones de los laboratorios farmacéuticos corroboran los datos chinos, constatando que el extracto obtenido de las semillas del ginkgo parece impedir el crecimiento de las bacterias de la tuberculosis.

En Japón la medicina popular recurría al ginkgo sobretodo por sus conocidos efectos sobre la fertilidad y la lactancia materna. Pero no solían utilizarse las hojas en las preparaciones medicinales. Excepcionalmente, aparecían en ciertas aplicaciones:

-Como apósito sobre las heridas, para agilizar su curación.

-Como cataplasma contra los sabañones, cocidas y en forma de puré.

-Como ingrediente de algunas infusiones medicinales.

Las virtudes de la planta llegaron a ser tan conocidas en Oriente que, tanto en Japón como en China se recolectaban los frutos inmaduros del ginkgo y, una vez liberados de su envoltorio carnoso y tras machacarlos hasta quedar pulverizados, se utilizaban como un detergente casero.



En Europa, sin embargo tuvieron que pasar 200 años desde la introducción de la especie para que las propiedades terapéuticas de la planta interesaran a alguien.

Hasta entonces sólo había sido estudiada por sus extrañas características botánicas. Aunque a principio del siglo XIX, De Candolle invitó a los químicos a analizar a fondo los componentes del ginkgo, solo llegaron a publicarse algunos resultados fragmentarios. El estudio trataba de los análisis efectuados al aceite extraído de los frutos.

Desde luego, el interés del botánico suizo no se centraba en los posibles usos terapéuticos de este fósil viviente. Más bien se preocupaba por su parentesco con algunas de las especies vegetales actuales. Sobre todo pretendía demostrar el acierto de su teoría:

“Las sustancias producidas por las plantas de una especie, tanto en sus frutos como en otra de sus partes, deben ser iguales o muy parecidas a las que crían los ejemplares de especies estrechamente emparentadas desde el punto de vista botánico, tanto por vínculo evolutivo directo como colateral”.

De Candolle denominó “aceites fijos” a los líquidos extraídos, y sostenía que estos “jugos vegetales” y los “órganos análogos” serían tanto más parecidos cuanto más estrechamente emparentadas estuvieran las especies.

La teoría del botánico fue consolidándose en la segunda mitad del siglo XIX, gracias al análisis comparativo de muchas especies vegetales. Pero nadie investigó los componentes químicos del ginkgo hasta 1928, cuando unos científicos japoneses descubrieron dos de las sustancias activas que éste producía: el ácido ginkgólico y el bilobetol.

Pocos decenios antes, en Europa se cuestionaban los posibles efectos medicinales del ginkgo. El Manual de Farmacognosia de Georg Christian Wittstein, publicado en 1882, marcaba con un signo de interrogación sus dudas a cerca del poder curativo atribuido a los frutos. (La farmacognosia es el conocimiento de los efectos terapéuticos producidos por elementos vegetales y otras sustancias).

La Enciclopedia Farmacéutica de 1905, aunque era un compendio de todo el saber farmacológico de la época, tampoco ofrecía mucha información sobre el ginkgo.  Sólo indicaba el empleo del fruto contra las dolencias gástricas, la posibilidad de extraer aceite de las semillas y la afirmación de que los frutos contenían un potente ácido, extremadamente irritante para la piel. A su vez, Las Materias Primas del Reino Vegetal fue una obra en varios tomos que se publicó poco antes de que se conocieran los resultados del primer análisis riguroso de los componentes del ginkgo. En ella, el químico Julius Von Wiesner, se limitó a informarnos que los frutos contenían aproximadamente: un 6% de azúcar, un 1% de glucosa y un 62% de almidón. Esta observación resultaría incorrecta a la luz de los conocimientos actuales.

Fue el químico japonés Furukawa quién consiguió determinar la estructura química del ácido ginkgólico y el bilobol. Son precisamente estos dos compuestos, similares al fenol, los que confieren al jugo de los frutos su gran poder irritante. Según demostraron los análisis del científico, docente de la universidad de Tokio, el jugo contiene además “unos potentes insecticidas y ciertas sustancias llamadas flavonoides”.



Los resultados de su investigación crearon la esperanza de poder elaborar un medicamento con los flavonoides del ginkgo. Se trataría de un fármaco que activara con eficacia la circulación sanguínea. Pese a las expectativas, tuvieron que pasar varias décadas hasta que, en los años 50, una empresa alemana se dedicara seriamente y con éxito a la investigación de este campo.

Hoy en día se utilizan las hojas del ginkgo en la elaboración de fármacos. Se cosechan poco antes de su caída otoñal, debido a que su contenido en sustancias activas aumenta constantemente en el transcurso de periodo vegetativo, y alcanza su punto máximo justo antes de que el follaje pierda su color verde intenso.

Las hojas se emplean recién recogidas, o desecadas y prensadas en fardos para evitar que fermenten por contacto con el aire. Este proceso natural, provocado por la humedad, destruiría parte de sus delicados componentes químicos.



Su Aplicación Homeopática

La homeopatía emplea sólo las hojas del ginkgo, aplicándolas en forma de tintura básica con sus diferentes potencias. Se utiliza contra los dolores de cabeza y el tratamiento de la amigdalitis. Sin embargo, no figura entre los remedios más recetados. Por eso mismo, conviene que no se hagan experimentos en esta materia, a no ser que se tengan conocimientos avanzados sobre la materia. No hay que olvidar que las medicinas homeopáticas son unos fármacos eficaces, aunque se obtengan diluyendo los principios activos. En consecuencia, es indispensable primero realizar un cuidadoso diagnóstico basado en los síntomas.

La tintura básica del ginkgo es una esencia basada en alcohol que se va potenciando según unos pasos y métodos muy definidos. Para conseguir las distintas potencias, se combina una parte de la sustancia básica con 10 (potencias D), 100 (potencias C), o 50.000 (potencias Q o LM) partes de alcohol. Elaborada así la primera potencia, se procede de la misma manera para preparar la segunda. Continuando del mismo modo, pueden alcanzarse potencias de 1.000 o superiores. Según el médico y químico alemán Dr. Samuel Hahnemann, considerado el padre de la homeopatía, este procedimiento potencia la efectividad del fármaco pese a que en proceso se diluya cada vez más la sustancia activa.

En China, aparte de sus virtudes curativas en el tratamiento de enfermedades pulmonares como la tuberculosis, esta planta era apreciada como afrodisíaco, para curar heridas, combatir la fatiga, la depresión y los estados de inquietud.

Al menos estas últimas aplicaciones terapéuticas pueden comprenderse desde nuestro punto de vista occidental, porque están relacionas de alguna manera con la circulación sanguínea. Y es precisamente en este punto donde el ginkgo despliega sus virtudes principales: al mejorar la irrigación de los tejidos y órganos, alivia o hace desaparecer los más diversos síntomas.

La Comisión para la Admisión de Fármacos (Alemania), ha confirmado que, en los experimentos realizados con Ginkgo Biloba, se observan los siguientes efectos:

-   Estimula la irrigación sanguínea, especialmente en lo que se refiere a microcirculación.
-   Mejora las cualidades circulatorias, es decir, la fluidez de la sangre.
-   Ejerce una acción antagónica frente a los factores activadores de trombocitos.

El Ginkgo actúa sobre los siguientes factores estabilizando sus valores en unos niveles idóneos:

-     La viscosidad del plasma.
-     La viscosidad de la sangre en su totalidad.
-     La movilidad de los glóbulos.
-     Los valores fibrinógenos.
-     Aumenta la flexibilidad de los glóbulos rojos y blancos.
-     Reduce la aglutinación de los glóbulos.

Como consecuencia de esta actuación, se pueden prevenir las siguientes complicaciones: trombosis, infartos, embolias, edemas, daños en los tejidos por falta de oxígeno, deterioro celular y disfunciones en general de todo tipo de tejido u órgano.

Y también se estimulan las siguientes funciones:  rendimiento del cerebro, de los órganos y del organismo en su conjunto, circulación sanguinea, oxigenación de las células y eliminación de los desechos metabólicos. También estimula el funcionamiento de las células nerviosas.

En las clínicas especializadas en biología molecular de Friburgo, los pacientes afectados por cáncer del intestino grueso, páncreas y mama, reciben infusiones de extracto de ginkgo. Según las informaciones recogidas hasta ahora el extracto de la planta potencia los efectos de la quimioterapia. Las modificaciones que induce en las membranas de las células tumorales permiten que los tratamientos de la medicina académica desplieguen mejor su potencial curativo. Además reduce sensiblemente los efectos secundarios en aquellos casos en los cuales la quimioterapia clásica ya no es tan eficaz y se requieren terapias más agresivas.



PRECAUCIONES

La mayoría de las sustancias activas contenida en las hojas del ginkgo deben extraerse con disolventes como la acetona y el alcohol para que nuestro organismo pueda asimilarlas. Ni los ginkgólidos ni la bilobalida se disuelven en agua. Por lo tanto, es aconsejable recurrir a aquellos fármacos que contengan unos extractos garantizados y de probada eficacia terapéutica.

Entre éstos, destaca el extracto especial EGb 76. No sólo contiene una cantidad garantizada de principios activos de calidad homogénea, sino que también nos protege de los efectos indeseables que algunos componentes del ginkgo podrían producirnos. El ácido ginkgólico, por ejemplo, es una sustancia muy irritante que posee un alto potencial alergeno. El extracto apenas contiene rastros de la sustancia nociva, por haberse eliminado éstas a través de un complejo proceso de depuración.

Respecto a la forma de consumirlo, se debe considerar que, al tratarse de una planta cuyos componentes no son hidrosolubles, tomado en forma de infusión es apenas eficaz.

También hay que tener en cuenta que, en determinadas enfermedades, su aplicación es contraproducente y hasta peligrosa. Esto ocurre siempre que su principal virtud terapéutica que es aumentar la fluidez sanguínea y bloquear la coagulación, actúe a favor del trastorno en vez de combatirlo. Por esta razón, no debes nunca automedicarte con ginkgo antes de consultarlo con tu médico.


Bibliografía:

El poder curativo del ginkgo -Peter Köhler 

1 comentario:

  1. muy bueno!!! interesantísimo!!! me encantó este árbol

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